Había una vez un Había una vez

Y la noche 2001 el rey Shariar tomó a Scherezade y la despojó de su virginidad. Cuando el monarca iba a degollarla, como tenía por costumbre con todas sus esposas, se ofreció Scherezade a contar un hermoso cuento para entretener la velada. Y comenzó de este modo: Había una vez un príncipe enamorado de una bufona. Jugaban juntos durante el día y cada noche la bufona contaba un cuento al príncipe, siempre el mismo cuento. Al cumplir quince años el príncipe confesó su amor a la bufona, y ella respondió: No quiero amarte. Mañana serás alto y serás rey y yo enana y bufona. Entonces el príncipe conoció las lágrimas. Aquella noche la bufona, antes de marcharse a escondidas del palacio, le contó por última vez aquel cuento: La vieja Consuelo vivía a las afueras del pequeño pueblo. Todas las noches contaba cuentos a los niños y los niños le llevaban pasteles. Año tras año los niños se marcharon del pueblo hechos hombres hasta que quedó uno sólo. Y la vieja Consuelo le habló así: Tú no te has marchado como los demás porque no quieres hacerte hombre. Yo puedo conseguir que nunca crezcas. Como el niño no quería crecer, la vieja Consuelo lo convirtió en un cuento inmortal: Era el día de la fiesta de los planetas. Todos los planetas estaban mareados por haber bebido más de la cuenta, y por dar tantas vueltas. Mercurio dijo: Yo soy el planeta más importante, porque estoy más cerca del Sol. Venus dijo: Yo soy el más importante porque soy el astro más luminoso después del Sol. La Tierra dijo: Yo soy aún más importante porque tengo vida dentro. Marte dijo: Yo lo soy mucho más porque estoy lleno de volcanes, que son como soles en pequeño. Júpiter dijo: Yo lo soy muchísimo más porque soy el mayor de todos, el primogénito del Sol. Saturno dijo: Pues mirad qué de anillos, yo soy el prometido del Sol. Urano dijo: Y yo giro sobre mí mismo con 98 grados de inclinación. Neptuno dijo: Y yo tardo sólo quince horas en rotar. Urano dijo: Yo soy el más lejano al Sol, así que os puedo ver a todos.