biografía



Estaban discutiendo cuando apareció la Luna: Todos os engañáis. Os lo demostraré con un cuento: Miguel, empleado durante treinta años en una biblioteca, contaba cuentos a sus nueve hijos cuando iban a acostarse. Todas las tardes, al cerrar la biblioteca, rebuscaba entre los anaqueles una nueva historia que memorizaba y repetía después. Pero un día no encontró más historias, y temblaba de regreso a casa porque sus hijos jamás se dormirían sin cuento. Trató de escribir alguna, pero todas las que inventaba eran aburridas y hablaban de libros y más libros. Así que, caída la noche, acostados los niños con las orejas bien abiertas, Domingo les comenzó a contar lo primero que se le ocurrió: ¿Sabéis, queridos hijos, por qué la Luna es el astro más importante? Pues porque la Luna es el Sol de la noche. ¿No da luz? ¿No lloramos, a veces, al verla? ¡Cómo lloraba la vieja Consuelo, la que contaba cuentos cuando yo tenía vuestra edad y todos los niños del pueblo le llevábamos pasteles! Lloraba al ver la Luna, porque crecía y crecía, como los niños a los que les contaba cuentos. Sólo uno de esos niños no creció nunca, el que se convirtió en un cuento, y al fin se lo llevó el olvido, que es peor que crecer. Dicen que la última vez que se le pudo escuchar fue en los labios de una vieja bufona enana. Y sólo lo escuchó un viejo bufón vagabundo que la había estado buscando toda su vida sobre su carrito de lisiado; este bufón no tenía piernas. Cuando la vieja bufona terminó el cuento, el viejo bufón le dijo: Yo soy aquel príncipe que te quiso y aún te quiero, y me corté las piernas para no ser alto y me hice bufón para no ser príncipe, y te he encontrado. Y los dos bufones se murieron allí mismo de felicidad, no sin antes contar su último cuento: Sintió aquí Scherezade venir la mañana y cortó el hilo de sus palabras. Y dijo para sus adentros el rey Shariar: Por Alá que no la mataré antes de que termine su cuento maravilloso. Y Scherezade salvó la vida hasta la noche siguiente.