biografía
(de Historias de Vil, libro inédito)

Guisaso

   Preguntó qué eran estas bolitas de espinas que se le clavaban en los pies hasta hacerle sangre. "Guisaso", le respondió el cubano.
En la playa de Guanabo, en provincia Habana, hay guizazo. Antes de llegar a la arena hay que cruzar unas pequeñas dunas con arbustos y a uno no se le puede olvidar calzarse las zapatillas. Esas pequeñas bolitas de espinas se clavan con especial intensidad en las finas pieles de las plantas de los pies de los turistas, incluso se quedan pegadas a los cordones mal atados de unas deportivas.
Luego en la arena finita y blanca se olvidan fácilmente los dichosos guisaso. El Caribe es un mar delicioso para el baño del turista.
Era un día de octubre de 1996, algo nublado y caluroso.
Vil y Lucía llevaban un par de semanas en la isla y aquella era la primera vez que iban a la playa.

Lucía se quedó en la orilla mojándose sus finos y blanquitos pies y de paso le sacaba algunas fotos a Vil.
- ¡Pon la velocidad alta para que salgan las olas! -gritó Vil justo antes de dejarse caer de espaldas en una de ellas.

Lucía pensaba que Vil iba a encoger de llevar en el agua tanto tiempo.
Vil disfrutaba como cuando era un crío. Estaba entusiasmado en la espuma, en el frescor, en el sonido ensordecedor que le llenaba de agua los oídos, en la arena del fondo cogiéndola y dejándola resbalar entre las manos...
- ¡Vil, sal ya, que llevas dos horas metido!
- ¡No quiero, estoy muy a gusto! ¡No pienso salir!
Lucía le tiró una foto más.

De él quedan las fotos.