Gonzalo Escarpa - Un submarino amarillo
Por Inma Flor

Uno siempre piensa que aquello de ser poeta es un poco coñazo. Se imagina a un chico menudo, con gafas de “culovaso” y más bien indiferente a las miradas femeninas más avezadas y lascivas. Pues bien, aquí está Gonzalo Escarpa para desmentir cualquier estereotipo que podamos imaginar de mundos poéticos clásicos, pedantes y un poco fuera del mundanal ruido. Existe vida más allá de los libros. Para la entrevista nos encontramos en el Espacio Nautilus, un local de ensayo subterráneo en la zona de La Latina que, algunas noches, abre sus puertas al público.

Bueno, lo primero es presentarte tú mismo. Cuéntanos qué haces y a qué dedicas tus energías.

“Desde muy jovencillo empecé a meterme en colectivos, haciendo teatro, más adelante estudié filología hispánica y me metí con el rollo editorial. Lo que nos motivaba era y es la “libre difusión del arte” y luchábamos por conseguir espacios diferentes para la expresión artística. Hicimos mucho teatro en la calle, experimental, pequeño formato, en espacios naturales... Uno tiene ganas de hacer cosas y se agrupa. Independientemente del lenguaje que utilices, decía José Martí, que hay gente que construye y a mí lo que me interesa es construir y por eso llegué a ser Gestor Cultural. Trabajo en la asociación cultural Fósforo, también estoy en el centro de poesía José Hierro, que está en Getafe. He hecho un poco de todo, fui regidor de teatro, actor, director, editor, corrector de pruebas, hice cine, TV como intérprete y ahora tengo esta sala, Nautilus, junto a cuatro personas más: Marisol Rozo que lleva dos años trabajando y es una actriz colombiana, Sara Nieto que también es actriz y Roberto Ruiz Guerrero que es un performer. Ellos utilizaban la sala para ensayar, para trabajar y yo lo que propuse fue la gestión cultural del lugar. Sara lleva la programación de cine, Roberto lleva las performances y los días que llevo yo, martes y sábados, hemos hecho desde cine, hasta fiestas, pasando por lecturas.”

¿Algo más? Simplemente oírte ya me ha cansado.

“También tengo una compañía de Títeres, “Títeres Todavía”. Son muy poco conocidos y fueron muy utilizados por los surrealistas para crear el Teatro Total y, de repente, se olvidó y ha quedado relegado al mundo de los niños. Eso es un error, los títeres son actores maravillosos, son máscaras neutras griegas y tienen muchísimas posibilidades. Trabajo tanto en Nautilus como en otras salas. La cuestión es crear redes. La cultura es también una forma de terapia y liberación. Además, cualquier acción en la calle es interesante porque sacas de contexto la obra, la acercas a la gente y le da un nuevo significado. Uno de los lugares más maravillosos de Madrid es el Templo de Debod, es decir, Egipto en medio de Moncloa. Sólo falta que lo ceda el Ayuntamiento de Madrid, pero parece ser que tienes que ser La Fura dels Baus para poder hacer este tipo de cosas. El Retiro también es interesante, allí actuaron Faemino y Cansado, y me parece un lugar increíble. A mí lo teatros me ponen un poco nervioso, porque siempre va la misma gente. Necesitamos hacer cosas en espacios donde la gente no se espera que algo así vaya a acontecer.”

¿Qué ocurre cuando la gente oye lo de “ soy poeta”?

“Llevo toda la vida defendiéndome por dedicarme a la poesía. Todo el mundo dice “qué aburrido”. Pero yo no lo veo así para nada. Ando metido en un proyecto que se llama Recital Digital que son recitales de poesía con un dj y proyecciones. Es como si fuera una rave, pero recitando poemas. Lo que planteo son nuevas miradas sobre el universo poético. A mí no me gusta recitar sólo con un micrófono o acompañado de una guitarra... Cuando Cervantes leía en las plazas utilizaban lo que tenía a mano, desde títeres, juglares, zanfoñas... instrumentos clásicos. Ahora, lo lógico es que utilicemos lo que tenemos a mano y eso es la electrónica, cosa que está todavía mal visto en el panorama poético. Yo siempre he defendido esa fusión entre tradición e innovación, incluso la obra poética que trabajo se basa en la recuperación de las estrofas clásicas, pero con elementos contemporáneos. No tenemos que crear un nuevo Dadaísmo, sino un relevo tranquilo, no hay porqué negar el trabajo de los anteriores. Pero, desde luego, a mí no me gusta el teatro convencional o la poesía entendida como tal, creo que tiene que evolucionar. Me interesan los colectivos y que la gente haga lo que realmente sabe hacer. La marca del Nautilus es que cada persona que organiza algo esté directamente relacionada con el tema. Si alguien organiza un ciclo de cine, esa persona es director o guionista; si alguien organiza un recital, es muy probable que sea poeta... No hay nada político en ello. Como persona puedes involucrarte en mil cosas, pero eso no tiene nada que ver con la creación, la actividad creativa es un cosa en sí misma.”

¿Por qué Nautilus se crea en La Latina y no en otra parte?

“Nautilus llevaba dos años funcionando como local de ensayo de un grupo de teatro. Lo tenía Marisol y lo que hacía era realquilarlo, pero jamás de había planteado abrir las puertas. ¿Por qué en La Latina? Porque es un sitio interesante y nos viene bien a todos. Además tiene la ventaja de que luego la gente se va por ahí de marcha.”

¿Colaboráis con otros colectivos?

“Al ser un punto de intercambio, cualquier persona que tenga un proyecto interesante está invitada a colaborar. De Momento, hemos colaborado con Salamandria, una revista objetual de Almería que ha presentado aquí sus libros. Hemos trabajado más que con colectivos con personas, con Marina Oroza, una chica que lleva muchos años investigando la poesía sonora, Luisa Castro, Ana Rosetti, Espido Freire, Juan Manuel de Prada... gente que se enrolla.” Juan Manuel de Prada, Espido Freire... ¿qué hace este tipo de gente colaborando con Nautilus? Aún guardo el recuerdo de Juan Manuel de Prada en el programa de José Luis Garci y me entra cierto escalofrío. “Prada se enrolla, de verdad, el tío es acojonante. Puede parecer muy pedante, pero es muy generoso. Me interesa el intercambio, conocerse, contarse cosas, ver qué está haciendo el otro...”

Y, ¿qué está haciendo el otro?

“Hace poco, para que veas el problema que tiene Madrid, en Alcalá de Henares se iba a organizar el I encuentro de poesía digital que lo organizó Julia Varella, una profesora de Lengua y Literatura de la Universidad, y lo han tenido que cancelar por falta de público, no se inscribió nadie aún dando becas.” Pues yo conozco a gente que se hubiera suscrito. A lo mejor, como suele ocurrir, falló la comunicación de ese proyecto. “Puede ser, no hacemos publicidad o comunicación adecuada. Toda la comunicación, hasta ahora, ha sido a través de Internet, un medio que me interesa mucho y puedo seguir con el concepto de libre difusión del arte en la red, que es el slogan de Fósforo. Internet, bien utilizado, para el ámbito de la creación es acojonante. Hay un programa creado por un tío, Motor Hueso, que se llama MIDIPoet de creación poética en Internet y es un generador de poesía. Lanzas poemas, imágenes y sonidos y, a tiempo real, tú puedes trabajar con ello. Realmente fusiona poesía y electrónica, creando una propia literatura electrónica, con sus propios temas, otra presentación, otro entorno... Un colectivo interesante es Alicia Bajo Cero, gente como Antonio Gómez... Es gente que indaga para que la realidad se amplíe y eso es lo que más me interesa.

En Madrid, ¿qué tipo de gente o colectivos te interesan?

“Las chicas, cómo no. No, en serio, Madrid lleva 10 años siendo un coñazo, después de la movida no ha habido nada interesante. Ahora parece que todo empieza a moverse. En La Latina hay un sitio que se llama el Jazz Club y lo llevan unos músicos argentinos. Es un dúplex, ellos viven en la parte de arriba y abajo es un bar. La entrada es por recomendación, a menos que estés dispuesto a pagar una cuota muy alta como socio. Es una casa forrada de terciopelo rojo, repleta de esculturas del siglo XIX y en cada sala hay instrumentos. También está Artépolis, un lugar fantástico con una programación válida, Ladinamo, El Ojo Atómico, La Más Bella, el TIS... Si cuidan el espacio y la programación, la gente responde. Ya no es estrictamente un sitio donde tomarte una copa o ver una obra de teatro, sino todo a la vez. Confío en que Madrid despierte por ese camino, donde se crean nuevas relaciones entre el espacio y el público.”

Si el Ayuntamiento te dejara hacer y tuvieras presupuesto para ello, ¿qué te gustaría hacer?


“Un espectáculo de marionetas en el Templo de Debod con una lectura de San Juan de la Cruz, porque la mística está muy olvidada. Hay que sublevarse contra la realidad, que ni siquiera existe. Pagar facturas no es divertido, pero hay que conseguir que lo sea. El rollo del poeta bohemio ya no existe, se puede vivir de esto, hay subvenciones, mecenas... Aunque Nautilus no da dinero.”

Ahora, imagina que tienes todo el tiempo del mundo y ninguna obligación, ¿qué harías un día cualquiera en tu vida?

“Mi recorrido empezaría en el Retiro con sus castaños de Indias y empezaría a la una del mediodía. Madrid no es una ciudad para madrugar. Y luego me iría a Las Vistillas, tapearía y todas esas cosas que se hacen en Madrid... Luego comeríamos una cosa en La Latina que se llama Pringá, es como un bocata de cocido. Después de eso nos iríamos al Museo Romántico a ver la pistola con la que se suicidó Larra y está en la calle San Mateo. Es muy pequeño y es una casa del S.XIX. Lo conoce muy poquita gente. Allí al lado está La Enana Marrón, un sitio donde se programa cine de calidad. Después del Museo Romántico, iríamos al Callejón del Gato de Valle Inclán y nos tomamos una bravas en el local donde se inventaron la patente de una salsa para las bravas que está riquísima. Una vez hemos comido, nos vamos a ver una peli con mi colega Sergio Gallego, músico y gurú, que vive en Chamartín y es mi mentor espiritual. Y, cómo no, veríamos El Desencanto de Leopoldo María Panero o alguna de Jodorowsky. Y tras eso, nos vamos a Lavapiés a La Colonia de San Lorenzo. Me iría a cenar a La Farfalla, un restaurante italiano de Huertas. Y para terminar nos vamos a fumar porro al mirador de la reina enfrente del Palacio Real y está en la calle Tutor, una de las más bonitas de Madrid. Más tarde, si nos queda energía, Chueca. De todos modos, yo suelo frecuentar el Café Berlín, el Café Manuela, El Perro de la parte de atrás del coche, El Hombre Moderno... lugares que tengan espectáculo.”

¿Qué cosas son posibles y qué imposibles en Madrid?

“En Madrid es posible pasar desapercibido un mes entero o perderse. Es posible casi todo, pasan muchas cosas. Imposible es tener amigos, porque no los puedes ver por la terrible distancia o entablar relaciones reales con la gente. Madrid es maravillosa para venir los fines de semana. En el ámbito poético es posible estar en contacto con la gente, hacer bolos, publicar... Si quieres medrar de verdad tienes que venir a Madrid o Barcelona, que es donde está la prensa. Difícil es mantener la independencia de otros grupos poéticos, hay muchos odios, mucho gremio... Y una cosa posible y muy interesante, por ejemplo, es un proyecto de la Consejería de Madrid, Bibliómetro, que consiste en bibliotecas instaladas en el metro, puedes coger uno y dejarlo en otra estación.”

Esto es un poco como el Bookcrossing...

“Sí, mola mucho que el intercambio sea en la calle y entre cualquier persona. Magia, comunicación, intercambio, comunidad, creación. Nada más que decir.”

¿Qué es poético en Madrid?

“Esta ciudad no es poética, sino prosaica, de novela breve y rápida, es un lugar de prisas o Best sellers. Precisamente Bibiómetro va a intentar evitar un poco eso. Cuando la gente pida un best seller le darán aquel libro en el que ese Best seller se ha inspirado. No fue poético Álvarez del Manzano, no es poético Gallardón, no es poética la iluminación que hicieron en la boda de Leticia... Madrid tiene algo de contraste que sigue haciéndola maravillosa. Moncho Alpuente dijo una vez: Madrid me mata. Y eso es todo un acierto.”

¿Qué te gustaría crear en Madrid?

“Un único espacio que aunara restaurante, librería, editorial...”

¿Qué otras salas nos recomendarías?

“Artépolis, Ladinamo, El Juglar, La Corrala...”

Y ya para terminar, todos sabemos que Madrid es tremenda, pero ¿qué aporta la periferia?

“La periferia está viviendo un auge interesante. Madrid está saturado de alguna manera de oferta cultural y los municipios... El Alcalde de Getafe se inventó un slogan “Getafe, capital cultural del Sur” y está funcionando de maravilla. Está recibiendo un montón de subvenciones y llevando a cabo mogollón de actividades. Cada mes hay dos festivales.”

Más info: http://www.espacionautilus.tk/