Objetos perdidos

Estoy en la habitación
De un hotel vacío
Escondido de verme los pies vueltos al lugar de donde vine
Esa gente que muere al voltear la espalda
Esa esquina que sin duda olvidaré
Pero los objetos duran más que el día de un hombre

Me hastío de contar las estaciones de metro que
Sucumben en la anónima recurrencia de
Voces cortadas por mi memoria quebradiza

Ella se cubre los labios con un espejo
Yo la veo desde un cuarto vacío en París
Leo a Celan y pienso que el agua es el aire
Extenso del Sena ella no sabe de Celan lo que pasa es que
El espejo es un intruso en los cuartos de París

Hilo quieto
Que toca la última gota de sangre vacía
Ocurrió que todo parece insomne
Como desprovisto de signos vitales en el gesto

De lo que oí recuerdo a una mujer
Rumana tal vez
Ojos azules
Nariz encorvada
Y en las viejas estaciones
El ruido
Se desliza por las piernas descubiertas
En medio de nosotros

Ignoro la parada del frío
Aquí las estaciones no se diferencian
Y los vestidos no son suficientes
Hace falta una mirada esquiva y unos
Ojos resbaladizos
El caminar de un inmigrante

He visto una luz mortecina
Que calla en lugar de oír pasar los años
Y sigilosos pasos que circundan la forma
Aparente de seguir insistiendo
En la carne
Lo cierto es que cada vez que alguien se aleja
Sé de la inmanencia y de la tersitud
De esa inmensidad tuya vertida en silencio

Una misma con la materia primordial
Y llegan esos mares del sur impetuoso
Todo encerrado en una habitación
Tú sabes de mis temores porque estás
Desde antes enterrada
No es un funeral esto de tus besos
Asépticos
Hubo una mujer que se limpiaba la boca
De su amante la propia bestia
Cazando rostros en el agua
Eres agua -me dices-; oír el agua constituye todo un espectáculo
Así lo dijo esa mujer sumergida
Aquellas que son una y
Tienen que ver cómo se pone el mar de bravo cuando tiene miedo
Cuando sabe de su dispersión
De su boca insaciable

Se desgarra de mi mano una
Voz sin pulso que desciende hasta el humo
Recóndito de tus pulmones
De todas esas formas ha escapado una redención
En la masa cósmica una fuerza arrancaba
Los estados de la materia
El olvido total del universo
La insignificante llama que cae al desierto

No alcanzo a tocar esa masa informe
Que me llama trayendo algunas despedidas
De personas nunca vistas -así de rápido se deshacen los rostros-;
La palabra se arroja de un último piso
Yo no conozco a ningún hombre que no sea un asesino
Más de algo se congela
Son mis manos las que recuerdan
Hasta ahora el canto separado en
Dos tierras el cuerpo de una voz enterrada
En las planas latitudes y
El ataúd de Cristo es el sepulcro de los
Vicios griegos de todas formas
Dios que se hizo carne también se pudrió
Yo no conozco a ningún hombre que no sea un asesino.




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