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Concordatio ad sensus Quien quiera conocer a un tipo callado, a un monosilábico
y silencioso debería pasarse por casa y conocer a mi viejo. Después
de años de silencio, mi madre se escapó de él con
el coche y el perro, nos dejó un loro y se hizo cómica.
Lo del loro debe haber sido su primera gracia. Le estaba diciendo a él
que los loros hablan pero tampoco saben lo que dicen. Yo me quedé
con él y me aficioné a la tele, al tabaco y a la música
sin letras. Él volvía del trabajo y se callaba oyéndola.
Hiciera lo que hiciera siempre parecía que lo que de verdad estaba
haciendo era callarse. Callarse era lo que le interesaba, lo que le iba
de verdad. En todo caso me ahorró el escuchar una campaña
contra mi madre. Nunca la hubo, creo. Si la vieja salía por la
tele él veía el show y se sonreía. A veces soltaba
una carcajada y seguía con lo suyo. Al loro lo alimentaba él.
Yo le había puesto nombre y él le daba pipas y fruta. El
loro era una tumba, pero silbaba. |