biografía

Mi voz me llama

En una esquina una mujer
velando.
Instantes, siglos interiores
desfilan desertando hacia el olvido.
Cadalsos imagina, actúa
como se espera: mano en la mejilla,
alta la vista, pierna flexionada.
Desea caminar, tropezar,
mancharse de las cosas
pero no sabe cómo deshacer el conjuro
de tan fina y suicida ilustración.
Frente a ella,
materia voraz, un hombre,
pupilas de neón y silencio de espinas en el pecho,
habita en su rincón tragando vaho.
Ya derritió la luz de los jardines
cuando queriendo amar quemó las flores
con fósforos efímeros de nieve.
Diálogo vacío entre los dos,
espalda contra espalda, miradas sin mirarse.
Se van los pies,
queda el alma quieta, como estatua
desmoronándose.
Giro mis ojos, cierro mis párpados,
el musgo verde muerde mi cintura:
¿cuál de ellos -me pregunto- soy ahora?