Pasión y muerte de San Sebastián

Por el hueco entre algunos edificios
cada mañana acecha el horizonte.

Los tejados igual que una escalera
que me lleva hasta Dios,
y su herida sin fin
por la que el día
                                sangra.

Es un lugar
donde la carne deja de ser carne,
para volverse fe,
interrogante,

duda.

Es un lugar que existe y que no existe,
como la sombra
del pájaro más alto.

Miro el horizonte
y en ese gesto aprendo claridad.

Atado al frágil tronco de este día,
cada rayo de luz
                                juega a matarme.




biografía
(de la antología La lógica de Orfeo)