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Su
hermana era la única que había sabido comprenderle y defenderle
después de tantas travesuras. De hecho, había sido para
él mucho más que una hermana. La única mujer a
la que verdaderamente había querido. También a escondidas,
torturado por la culpa. Hasta que ella le animó a compartir sus
absurdos temores, y empezó a dejar la luz de su cuarto encendida
por las noches, para que el hermano sonámbulo acudiera a la llamada
mientras papá y mamá dormían. Igual que ahora.
Vio el resplandor al fondo del pasillo como un faro salvador para un
náufrago. Aquella luz intermitente podía ser la señal
que estaba esperando, que le decía que todavía estaba
a tiempo y no era tarde para una nueva vida. Entraría allí,
cogería a su hermana y huirían de aquella casa. Abandonarían
esa pobreza existencial en la que se habían visto inmersos. La
sola idea le hizo acelerar el paso. Pero su sonrisa se diluyó
en cuanto abrió la puerta, al ver las dos sombras entrelazadas
que se proyectaban en la pared. Dios mío, ¿por qué
me has abandonado? Descubrió a los amantes sobre la cama,
con el remordimiento y la vergüenza reflejados en el rostro. Ella
estaba con un hombre mayor, que parecía tan sorprendido y asustado
como el chico. Incapaz de decir nada, miró a su hermana por última
vez. Le extrañó que pudiera seguir encima de él
con ese cuchillo clavado en la espalda, pero lo cierto es que ni siquiera
sudaba por el esfuerzo. Aquello era tan monstruoso que el chico no pudo
aguantar por más tiempo. Contuvo la náusea mientras corría
hacia la puerta trasera. Abrió en el preciso momento en que un
hombre uniformado se disponía a llamar. El hombre se quedó
parado con la mano en alto, mientras el chico gritaba y cruzaba a su
lado como enloquecido. No se detuvo hasta llegar al cercado, donde se
apoyó jadeante sobre las maderas podridas. Fue entonces cuando
vio acercarse a alguien por el camino. El recién llegado se dirigió
a él con expresión satisfecha: ¿Qué?
¿Todo bien?, preguntó. ¡Es-tu-pendo...!,
respondió sin aliento el chico. ¡Los cuerpos disecados
siguen dando auténtico miedo! Reconozco que hiciste un
trabajo excelente. Su amigo compuso un gesto irónico: Sí,
pero resulta que si no hubiera hecho lo mismo con el cartero, nos hubieran
pillado, y adiós a tus juegos de niño rico, ¿no
te parece? Tuve que incluir a ese pobre diablo en el espectáculo.
Señaló al hombre de la puerta y soltó una carcajada
que al chico le resultó molesta e interminable. Cierto. Estoy
sorprendido. Guárdale con los otros en el desván hasta
próximo aviso. Sacó su billetera y le pagó
más de lo acordado. Ah, y otra cosa, la bombilla de la habitación
de mi hermana parpadea. Diciendo esto, sacudió su traje italiano
y cogió el maletín de ejecutivo para dirigirse al coche.
Dentro de unas horas tenía una reunión importante en la
ciudad.
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