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EL ALAMBRE DESNUDO
No hay salida en la casa de muñecas,
estamos atrapados
bajo un peso de arena, de papeles mojados,
nos abrasan los muros, las ventanas dormidas
y la mano sin cuerpo que clausura el espacio.
Estamos encerrados en nuestra pequeñez,
tan sólo persistimos, continuamos, estáticos,
con los ojos abiertos,
sin saber que no hay nada que mirar,
que más allá del juego
la realidad se agota.
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