Lima, Perú, 1978. También conocido como Salvador Luis Raggio
Miranda, a los dieciséis años inició su travesía
literaria escribiendo relatos breves y algunos cuentos para su propia satisfacción.
En 1996, participa con éxito en los Primeros Juegos Florales de la
Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas obteniendo el primer premio en la
categoría de cuento gracias a su obra El Bodrio. Ha sido editor
de Miambiance, publicación de humanidades en inglés del
Miami-Dade Community College, es fundador y director de la revista electrónica
de literatura LOS NOVELES y miembro de la Sociedad Nacional Hispánica
Sigma Delta Pi, en el Capítulo Alpha Chi. Actualmente, radica en los
Estados Unidos donde cursa estudios de Ciencias de la Comunicación
en la Universidad de Miami, especializándose en producción y
dirección cinematográfica. Salvador Luis es autor de las colecciones
de narrativa Eslabones y La circunferencia y en estos momentos
acaba de concluir su tercera entrega: Miscelánea o el libro geminiano.
salvadorluis@salvadorluis.net
http://www.salvadorluis.net/

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El Quinbus Flestrin Casi todos mis compañeros
de clase ya fueron a ver al Quinbus Flestrin, hasta esos presumidos hermanos
Bolgolam visitaron el campo deportivo donde lo tienen en exhibición.
Yo no he podido acercarme porque prohibieron a los menores de edad visitar
al Quinbus Flestrin. Los adultos dicen que es peligroso que los más
pequeños vayan sin compañía porque se trata de un
ser inmenso. Eso, en mi caso, significa que solamente podría ir
al campo deportivo de la mano de mi madre. Pero lo que el presidente no
sabe es que mi mamá es una persona muy ocupada. La verdad, yo sólo
la veo un par de veces al día porque trabaja muy duro para mantenernos
a mi hermana y a mí. Desde que mi padre la dejó por una
mujer más alta, mamá ha tenido que sostener la casa por
sí sola. Por eso trabaja de lunes a domingo en la ferretería
del señor Bolgolam y por eso, hasta el momento, no ha podido llevarme
al campo deportivo para ver al Quinbus Flestrin. Yo no tengo abuelitos
ni tíos que puedan darle una mano y, además, la señora
Bolgolam no quiso hacerle el favor cuando llevó a esos dos cachetones
que tiene por hijos. Según mi mamá, la señora Bolgolam
le tiene fastidio y no encontró mejor forma para desquitarse de
ella que negándose a cargar conmigo. Pero a mí esto no me
molesta. A la señora Bolgolam le apesta la boca y sus hijos cachetones
siempre me han caído bastante mal. Además, yo quiero ir
a ver al Quinbus Flestrin con mi mamá porque hace mucho tiempo
no salgo a pasear con ella. |